martes, 5 de marzo de 2013

Vivir con SII, retazos, primera parte.

gesto de dolor
Es solo una dolencia benigna, tranquilo/a, no pasa nada, molesta sin duda, pero no deriva en nada grave y hay medicamentos que te pueden ayudar a llevar una vida normalizada.
Eso fue lo primero que escuché en aquella consulta de digestivo que conseguí pidiendo un favor a mis 17 años. Hasta entonces mi único problema digestivo había sido que al descubrir los  "Spaghetti Bolognesa", un verano en Francia, engordé más de lo debido.  Alguna enfermedad infantil y una alergia a penicilina descubierta por las vía clásica de entonces , reacción al inyectarme para curarme una infección.  Con 14 años hacía deporte, montañismo, empecé a escalar, hacía teatro, tocaba la guitarra, estaba ágil, fuerte, también salía y bebía cervezas con mis amigos y amigas y mi media en BUP era de 7,5.
Participaba en todo y aunque fueron años de conflictos sociales y laborales mi salud estaba casi intacta, ni una mala caries oigan¡¡
 No sé muy bien que ocurrió, falleció de repente una de mis abuelas, yo llevaba una vida relajada pero con altibajos, y un verano tras una de esas fiestas de "prao" que tanto nos gustan en Asturias , un dolor agudo atravesó mi cuerpo, como un aguja estrecha pero al rojo vivo, desde la parte inferior izquierda de mi abdomen hasta la parte derecha saliendo más abajo del omóplato. Solo fue eso, como una cuchillada y ahí se derrumbó todo lo que había sido hasta la fecha, mi colon decidió que algo no le era favorable, tal vez yo mismo ( el gen egoísta ). Así que pedí favores, pregunté y en una revisión rutinaria me dijeron que no me preocupase y me recetaron mis primeros ansiolíticos y aquellas cápsulas de otilonio bromuro que eran el tratamiento de choque para un adolescente. Fin del buen rendimiento académico, mascar almax en el aula intentando que tus intestinos no revienten mientras una profesora desmotivada te habla del spin, otro se obsesiona con la  cristalografía , un tercero no recuerda de qué da clase y tu novia en el patio te dice que ya no sales, que no estás alegre, que si es por su culpa, que vaya por dios "me han dicho que tomas pastillas" y tú solo quieres que cese ese dolor y solo cesa cuando te vas a hacer boulder , o te concentras intentando ese solo de guitarra que sabes que no sacarás porque es de un genio. Y solo quieres que cese el dolor y esa necesidad de salir corriendo a un aseo, o al despertar que te vas a lavar los dientes y no haces más que vomitar un ácido traslúcido que te come el esmalte por dentro de los dientes y luego el dentista te dice que hay que lavarlos más y le miras con desdén. Y así, con una suerte de monstruo en tu interior, como la teniente Ripley , te vas a la mili, te pateas todo el Pirineo, sin tiempo a que te duela nada por el exceso de ejercicio, y luego, mientras enfilas tu porvenir decides que no puedes asumir ciertas responsabilidades ( viajes, conferencias eternas, seminarios de presentación de cualquier actividad o producto), decides que no quieres esperar colas o estar en un cine en la butaca del medio justo de la fila, ir a esas cenas de amigos en bares cuya arquitectura caprichosa olvidó el uso del aseo de forma civilizada. Decides renunciar a muchas cosas mientras acabas haciendo otras quizá bastante más complejas, arriesgadas e inverosímiles, pero al final siempre es ese dolor, esa angustia de ir en el autobús lleno y que necesites bajarte y aún y cuando no es nada, acabas empapado de sudor, invierno tras el cristal, tu compañera de asiento con bufanda y tú chorreando sudor porque crees que tu intestino va a reventar, a dejarte en ridículo a hacer que te sientas tan mal que no vuelvas a subir a esos artefactos colectivos, y al final no hace nada sino dejarte en ridículo por tu sudada y en vez de un enfermo de colon irritable pareces alguien que ha tenido un problema con la dosis de  metadona, corroborado por tus ojeras de la noche anterior, y te acabas sintiendo culpable de todo, limitado en todo, auto-exigente hasta el flagelo, hasta la nausea, y a veces compulsivo obsesivo, y otras deprimido sin el consuelo de las lágrimas. Vivir con SII es solo vivir, como con cualquier otra circunstancia, hasta las guapas se quejan y los ricos dicen que también lloran, así que cada poco tiempo juras y perjuras que lucharás y vencerás. Claro que no es ninguna batalla, ni siquiera sabes si el enemigo eres tú mismo y nadie te sabe decir más que "tranquilo", incluso entre nosotros no sabemos decirnos más , como los condenados a muerte que forman una cuerda camino del cadalso y entre unos y otros se animan, piden ser dignos y ruegan calma. Sabemos tan poco de nuestras dolencias, de nuestras necesidades, de nuestra mente que pedimos calma porque nos parece lo único sensato. Mañana continúo con lo insensato.
 Gracias

2 comentarios:

Lourdes Santos dijo...

Me viene a la cabeza lo que decía mi abuela y yo me rebelaba... "hay que resignarse". Siempre me negué a esta expresión y todo lo que conlleva sin embargo.. con la edad voy comprendiendo que pelear contra lo imposible puede hacer mas infeliz.

Josem dijo...

He editado porque con las prisas naturales de un ansioso como yo publiqué un borrador. Lourdes , NO hay que resignarse, solo hay que tener en cuenta que la mayoría de los caminos que uno recorre no son por decisión propia. No lucho contra lo imposible, solo lucho, a veces menos de lo debido , incluso me meto en luchas ajenas porque la mía la veo perdida de antemano, ya sabes el patrón de las causas imposibles...